La Chica que andaba con su Biblioteca

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[El análisis minucioso, detallado, de los hechos y acontecimientos
acaecidos desde los homínidos a los sapiens de hoy; el hurgar la
historia con la aplicación de la filosofía y lógica, el inocularse en
la médula misma de los paradigmas, los modelos, los métodos,
las leyes, y todo cuanto sirve de orientación y guía para el hombre,
cae en una sola realidad y conclusión: la ficción. Melodramáticamente,
todo cuanto posee el hombre, en lo material como en los psíquico, son
algo que no existe como identidad y ser, sino más bien, como deber y fantasía;
que nadie es el concepto que maneja de sí, sino, somos una muchedumbre
inmersa en el aparatoso mundo de las “ficciones humanas”]

_ Bien _encandilé _, es por lo de siempre _me tapé los oídos como si no quisiera escuchar más aquellas voces _. Siempre llegan a tener autonomía los personajes de mi novela, a veces son soberbios y prepotentes y se resisten hacer lo que les digo e incluso, me reducen a un simple instrumento que coge el lápiz; y es fascinante para mí, pues, me convierto en el espectador y descriptor de un mundo, que desde luego, es fenomenal, maravilloso y extraordinario _suspiré _. Eres como un dios, creas un universo con las características que tú deseas, luego los personajes que apeteces, les das vida, y finalmente ellos se desenvuelven por sí solos y a su manera. Tú sólo eres un descriptor.
_ Debes aprender a controlar tu mente _dijo, cuando ya habíamos atravesado la puerta principal y nos dirigíamos a su cuarto _ Cuántas veces señalé que es de esa forma como se hacen los locos. Si crees que ya te estás sugestionando, detente; no vaya ser que en una de esas veces ya no vuelvas a salir de ese mundo.

_ ¿Y no crees que sería más normal loco que cuerdo? _pregunté _ ¿En cuál de los dos tiene más sentido la vida? Si en la cordura te sientes presionado por los modelos sociales, por el Estado, por el paradigma económico, por la religión, por las teorías; o sea, por un sistema maquiavélico, darwiniano, nietzscheano y peor aún, bíblico. Pero en la locura, qué o quién te presiona; nada ni nadie, eres tú, sin el gobierno de la razón ni el juicio.

_ Vaya _se frotó la quijada, estábamos sentados uno frente al otro _. Pienso que el sentido está en el uso del ingenio para adecuarse en dicho sistema. Además la apreciación que le das al sistema es demasiado subjetiva.
_ ¿Pretendes decir que es fruto de mi imaginación? _me quité las gafas y me froté los ojos _ ¿Qué ves todos los días?
_ Mejor hablemos de cómo te va en las cuestiones filosóficas y cómo con las flacas.
_ En el aspecto filosófico _dije, después de un prolongado silencio _, estoy creando una teoría acerca de las ficciones humanas, y conocí a una chica que anda con su biblioteca; tiene cabellera negrita hasta la mitad de la espalda, mirada penetrante, pestañas largas; muy pero muy hermosa; para mí es una mujer…
_ En efecto _me detuvo _, me estás hablando de una de esas mujeres abigarradas que cobran vida en tus novelas de ficción, porque alguien como describes sólo la puedo concebir en el ensueño _me miró con sarcasmo, mientras mis ojos, enajenados, estaban posados sobre el lienzo que él mismo había pintado y colgaba al lado izquierdo de la entrada.
_ ¡Pero, qué ocurrencia! _hoja por hoja llegué a la página 109 (página donde me había quedado) del libro: La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por Gabriel García Márquez _ Es mi compañera de estudios _musité, sin despegar los ojos de la página 109 _. Siempre va a la universidad con una carreta en la cual va adherido un baúl repleto de libros, la carreta es jalada por ella misma.
_ Traje cachina _se levantó y caminó hacia su dormitorio, en menos de un minuto volvió con una botella en cuya envoltura decía: cachina _. Algo similar o parecido, sospecho o especulo, se vio jamás en…
_ ¿Por qué no lo guardas para cuando estemos con ella? _lo interrumpí, me miró desconcertado, porque exactamente no sabía a quién me refería _ Con la chica que anda con su biblioteca, su nombre es Ana Liz.
_ Entonces _frunció con lentitud _que sea lo más antes posible.
_ Mañana mismo _sonreí _. Será todo un quicio.

Ana Liz, fue la primera estudiante de Ciencia Política en arribar a la universidad, desde luego, después de mí; iba con una zamarra negra y un faldón del mismo color, jersey blanco que armonizaba con su terso semblante, dos trenzas reposaban sobre sus pechos, y atrás de sí, un baúl atestado de libros; circuló por la vía consignada a las sillas con rueda para llegar a mi lado. Después de un saludo algo detallista, se sentó en un borde de la carreta, cuando cruzó los muslos, par de botas con escaso betún se dejaron ver; sonrió dando a entender que no había de qué hablar; continuábamos en silencio. A las catorce horas estuvimos en el cuarto de Wilfredo Jesús, nos costó un trabajo cuasi tetánico ingresar la carreta, pues se atascó en la estrecha puerta; ya adentro, buscando tres sillas nos sentamos formando un triángulo; Wilfredo no apartaba la mirada de la doncella, por instantes me ojeaba y pude percibir en sus pupilas incredulidad y socarronería; daba a entender, para él, aquella mujer era fruto de quimeras y espejismos.

_ ¿Cree usted que es inoportuno preguntarle por su edad? _Jesús hizo algunos movimientos titubeantes simulando que buscaba mayor comodidad en su asiento, la chica lo miró con un par de ojos pardos que yacían atrás de unos cristales transparentes, imaginé que dichos oculares emanaban algún tipo de rayos que destartalaban al profesor.
_ Algo más de veinte años _sonrió _ ¿Y se puede saber el suyo?
_ Cuarenta _se vio más calmado, Wilfredo; mientras yo, hojeaba un libro de Ana Liz, era el tomo 2 de la Evolución Creadora de Henry Bergson, un libro con tapas gruesas y hojas apolilladas, databa todavía de 1912 _. ¿Te molesta si sacamos un licor? _inquirió mi amigo.

_ Esteban _me apretó el hombro, Ana Liz; tapé de golpe el libro _ ¿Tengo facha de una de esas beatitas que se mortifican en los templos? _se había quitado las trenzas de la mañana y una densa cabellera alfombraba su dorso.

_ Generalmente la opinión es inductiva _volví abrir el libro.
_ Una publicación de la australiana Rhonda Byrne _cruzó los muslos, Ana _, titulada El Secreto, enseña acerca de la ley de la atracción, donde los semejantes se atraen sin necesidad de ser forzados, y la semejanza en estos casos es en cataduras como la forma de pensar, soñar, percibir el mundo, sentimientos, etc.; o sea, todo enfocado al aspecto psíquico del individuo. Pero esa teoría no es nueva, es milenaria, todavía la podemos hallar en los sanscritos del Hinduismo y el Budismo; y tenemos a alguien que falleció _Wilfredo y yo empezamos a ponerle más atención, Ana Liz sorbió la copa de cachina _ en enero de 1981 _continuó después de quitarse las gafas _. Les estoy hablando de Lobsang Rampa, quien escribió El Tercer Ojo, El Médico de Lhasa y el Cordón de Plata; libros donde matiza más filosóficamente este tema de la ley de la atracción, además de temas como la reencarnación y el desdoblamiento astral; estas teorías guardan estrecha relación con la Física Cuántica, tenemos los Otros Mundos del británico Paul Davies o el Universo Desbocado del mismo autor, o Un Dios Interior de Rene Dubos, y también está la Física Cuántica de Mario Piris Silvera. Quiero concluir señalando que, nosotros no somos nuevos en absoluto, en ocasión alguna del pasado ya hemos cruzado miradas, quién sabe _volvió a ponerse las gafas _, quizá hemos partido del mismo tronco; vale decir, somos semejantes y cada uno de nosotros, sabe en lo profundo, lo que piensa cada uno, Wilfredo sabe lo que yo pienso, también Esteban, y lo mismo sé yo lo que piensan; el problema es que no es nítido y eso nos llena de duda e incertidumbre. Quiero decir que, preguntas como el que me hizo Wilfredo, sobran, ¿por qué me preguntaste si ya sabías lo que iba responder? _le miró a mi amigo.

_ Recuerdo que pronunciaste algo de duda e incertidumbre _acarició su copa Jesús _ ¿Podemos ver tus libros?

_ Por supuesto _Ana Liz se puso de pie, jaló su carreta al costado de su asiento y empezó a sacar los libros del interior del baúl. Todos eran usados y antiguos, con tapas gruesas de cartón o madera, carcomidos y hojas ranciadas, y algunos anillados; el primer libro que logramos ver era uno de color naranja y llevaba por título: Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino; el siguiente era uno anillado, decía: Tres Enfoques Sobre la Reencarnación de Sebastián de Arauco; otro fue: Los 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui y del mismo autor, tres tomos de Figuras y Aspectos de la Vida Mundial y Cartas de Italia; continuó entre papeles engrampados y sueltos: 31 Cuentos de Amor Rosados y no Tanto de Carmen Rosa Barrere _. Ella es de Argentina _empezó a juntar y compaginar los papeles dispersos _, es muy buena escribiendo _puso a otro lugar después de unirlos y continuó sacando más libros: La Ilíada y luego la Odisea, ambos de Homero, daban señal de que eran demasiado antiguos, cogí para corroborar, todavía habían sido impresos en 1867; luego: el primer tomo de los Miserables de Víctor Hugo; en seguida palpé los dos tomos de, Don Quijote de la Mancha, también viejos y de hojas corroídas _. El Quijote es una novela sensacional, maravillosa y extraordinaria _acarició la portada del primer tomo _; pero también es fabulosa, Ulises de James Joyce _ sacó el libro y nos lo mostró. Luego continuó con los otros libros: Sobre Héroes y Tumbas de Ernesto Sábato y también el Túnel, del mismo escritor; tenía las Obras Escogidas de Henry Bergson; luego vimos uno voluminoso, era El Ser y La Nada de Jean-Paul Sartre. Y muchos otros, como de José Saramago, David Hume, Friedrich Nietzsche, Platón, Aristóteles, J.J. Rousseau, Thomas Hobbes, Karl Marx (los tres tomos de “el Capital”); y tantos otros que quisiera describirlos pero hallo estrecho el espacio, y que en total, aproximadamente, ese baúl forrado de cuero marrón, contenía de 60 a 70 libros de toda área de conocimiento, incluso de matemáticas, física y química.

_ Eres una paradoja _Jesús sorbió de un trago su copa _, espero poder asimilarte en los pocos días de vida que me queda _Ana Liz lo miró con fastidio, lo mismo hice yo _; la vida es corta _sonrió _, cien años es insuficiente para conocer el mundo. Y de dónde salieron esos libros _se dirigió a Liz.

_ Mi abuelo era un lector voraz _sonrió mi compañera _. Él tiene una habitación regularmente grande, repleto de libros _se sirvió la cachina, nos ojeó y nos percibió callados y mirándola con morigeración _. ¿Gustan saber algo más acerca de mi abuelo? _asentimos con gestos, después de un prolongado silencio reanudó _. Él nació un 17 mayo de 1914 en la ciudad de Córdoba (Argentina), aún infante viajó donde su padre quien tenía una librería en las Islas Malvinas, pero debido al constante conflicto entre Reino Unido y la Argentina por la soberanía del archipiélago, él y mi bisabuelo decidieron trasladarse a Buenos Aires donde instalaron la tienda; pero cuando en 1946 llega al poder Juan Domingo Perón, a quien mi abuelo le tenía aversión por sus ideas fascistas y por la admiración que abrazaba por Benito Mussolini y Adolf Hitler, después de subastar gran cantidad de libros, se mudó con los libros que creyó que eran necesarios e importantes, al Perú, donde se podía percibir el ejercicio de las libertades públicas bajo el gobierno de Bustamante y Rivero, luego buscó un espacio donde residir en la ciudad de Cusco, se conoció con una cusqueña; y hoy continúa ahí, aún late su corazón, puede hablar, pero no ver.

Nuestra parsimonia se volcó en consternación, porque en el tono de su voz percibimos notoria pusilanimidad; el silencio de a poco fue medrando en nuestra psique. A las 19 horas nos retiramos de la habitación de Wilfredo Jesús.

_ ¿Cabe decir que vives sola? _la interrogué, mientras, por la avenida Venezuela nos dirigíamos a su cuarto _ ¿Si tu abuelo está en Cusco, también deben estar tus padres allí?
_ ¡No! _sonrió _ ¡Que no! Él está conmigo _se acomodó la basquiña _. Él es el amor de mi vida, el amor que le tengo es insondable.
_ ¿Y cómo así? _inquirí.

_ A él le debo mi cultura, fue él quien me enseñó a leer, solía llevarme al campo donde escondidos en el bosque o trepados en los árboles, leía él sus libros de filosofía y yo mis cuentos de hadas, se repetía ese acto con mucha frecuencia _se sujetó del balaustre, le arrancó una flor al camelio y optó por sentarse en una de esas bancas situadas ya cerca del puente de Guadalupe _ ¡Qué casualidad! Es, precisamente esta flor, la que me regaló mi abuelo, una tarde, mientras sentados sobre un troco seco en las afueras de Urcos, veíamos los últimos rayos del sol; tenía yo 6 años. ¿Sabes? _palideció _. Me duele creer que en cualquier momento él me abandonará, sí o sí, eso sucederá.

_ Levántate _la tomé del brazo izquierdo y la hice parar _. Dejemos las aflicciones para otro momento.

Llegamos a su habitación, estaba en el cuasi sótano de una casa de cinco pisos, en el barrio conocido como Fonavi; después de algunas impetraciones decidí entrar a su cuarto, la bombilla estaba encendida, abundaba el aire caliente debido a la estufa que también encendida emitía una luz intermitente de color amarillo en un rincón; en una cama unipersonal, de cúbito dorsal descansaba un hombre cuyo rostro no pude ver porque le cubría un sombrero de alas grandes y color negro; Ana Liz, puso el baúl de libros en un extremo angular de la habitación, luego se dirigió hacia el hombre que descansaba, le besó en las dos mejillas y dijo:

_ Ya llegué, querido.

_ Buenas noches ñusta mía _con una voz aguda y pulcra, emitió el hombre. Tenía el rostro cubierto de barba blanca, una pelada rutilante se dibujó a mis ojos cuando el anciano, sin ayuda de Ana logró sentarse. Por brevísimo instante, guardó silencio y husmeó, giró su rostro hacia mí _. Es por allá _musitó _. Cariño _se dirigió a la única mujer de la habitación _ ¿Quién está con nosotros?

_ Disculpa mi bello _Ana Liz se aproximó al añoso, se sentó a su lado, lo abrazó y casi al oído le susurró _. Es un compañero de estudios.
_ Ah _musitó el anciano _. Pero, di algo hijo _estiró la mano a tientas, me adosé y le apreté la diestra.
_ Buenas noches señor…
_ Abelardo _intervino Liz.
_ Señor Abelardo _añadí.
_ Tiene buen aire _no me soltaba el cano _ ¿Ana, es uno de los nuestros?
_ Con seguridad _sonrió ella, se levantó, cogió un hervidor y salió de la habitación.
_ También huele a vino _sonrió el longevo _ ¿Significa que han estado ingiriendo licor? _ya me había soltado la mano.
_ Usted conoce a su nieta _respondí.

_ ¡Qué término es eso de nieta! _levantó la voz el añejo, Ana acababa de ingresar, me sonrió, encendió la cocina y puso el hervidor en ella _. Ana Liz _la llamó el anciano, ella, como supongo que es de acostumbrar, se pegó a él y lo abrazó _ ¿Esta criatura aún no sabe que nosotros somos novios? Porque no está usando la terminología adecuada de ti para conmigo.

_ Aún no, pero ahora que ya lo dijiste, ya lo sabe _sonrió mi compañera.

_ Debo irme _me levanté del lado del anciano, presentí que era etiquetoso en extremo, histérico y enervado para relacionarse con extraños.

_ Acompáñanos para el café _se puso de pie Ana Liz, caminó rápido a un lado de la habitación y corrió una cortina imperceptible, me asomé de prisa y patitieso, de la entrada, observé anaqueles y anaqueles repleto de libros, era una mini biblioteca _. Ve observando mientras hierve el agua.

_ Eres muy agradable _hablé quedo, muy pegado al oído para que el viejo no pudiera oír _. En otra oportunidad hurgaré tus libros. ¡Impresionante!

_ ¿Estás diciendo que estás enojado con mi abuelo?

_ Amor, se dice _terció el anciano _. Cuántas veces te dije que los ruegos fueron fabricados sólo para los cristianos.

La besé en una de las mejillas y salí con mi mochila en dorso, vi mi teléfono móvil, era cerca a las 21 horas; no había esperado un incidente como el que había acabado de pasar. Llegué a mi cuarto y de inmediato quedé dormido.

El tiempo transcurría a una velocidad vertiginosa, metafóricamente cabría señalar que, el intervalo que se da entre el día y la noche, sería correspondiente a un abrir y cerrar de ojos. El encuentro entre Wilfredo Jesús, yo y Ana Liz, solía darse a la semana una vez, eran momentos de éxtasis para nosotros, porque, aunque genere incredulidad, llegábamos a dimensiones poblados solamente de ideas, donde sólo era necesario tener lógica para crear teorías, paradigmas, conceptos y constituciones. Las reuniones frecuentaban empezar a las 15 ó 16 horas, hubo casos donde, avistar el entorno tal como acostumbra ser, por ejemplo en el caso de la habitación de Wilfredo Jesús, donde estábamos rodeados de estatuas, lienzos, bastidores, libros, esmaltes, oleos y otros objetos destinados a fines artísticos, percibirlos en su naturaleza, era como despertar de un sueño profundo; hubo casos donde, cuando el supuesto despertar ocurría, ya era de madrugada, o la aurora, o, en más de una ocasión fue la media mañana; no significa esto que, estábamos en un estado de meditación, había conversación y diálogo, debate, refutación, la necesidad misma de consolidación y fundamentación ya sea de una respuesta, concepto o teoría, hacía que nos eleváramos a otras esferas; quizá conste oportuno, validar los principios de Platón o el trascendentalismo de Immanuel Kant y otros filósofos idealistas que en parte señalan que, las ideas ya están establecidas o están dispersas en alguna dimensión incognoscible para el hombre pero que con ciertos requisitos y criterios tiene toda la posibilidad de alcanzarla; fueron episodios aquellos, donde consolidé mi teoría de “las ficciones humanas”…*

_ ¿Y eso en qué consiste? _me preguntó, una mañana de los primeros días de octubre, el abuelo de Ana Liz, cuando fui a buscarla para realizar un trabajo de la asignatura de Epistemología; en vista de que había salido a recoger unos fármacos al Seguro, el anciano me propuso que la esperara. No era la segunda vez que volvía a entrar en contacto con el añoso, en más de una oportunidad, junto con Wilfredo, acompañamos a Ana, para justificar por qué estaba llegando a media mañana o en la madrugada; y como la obsesión y ambición del anciano era que su nieta llegara a ser una mente brillante, siempre toleraba las tardanzas y daba muestras de que disfrutaba de las fundamentaciones.

_ Puse “ficciones humanas” a un conjunto de acepciones _me rasqué la occipital, dubitativo, pensando que mi intento por interpretar la realidad en cualquiera de sus características, sería desechado o tomado por estupidez por el veterano _. Tengo la franca seguridad de que, los hombres a lo largo de su historia, incluso antes de la bipedación, de los Australopitecos, o desde millones de años antes del Homo sapiens; la realidad perennemente fue y es fruto y producto de la creatividad, en cada nómada o sociedad homínida, siempre hubo uno o alguien quien se hacía acreedora del ingenio, éste diseñaba la conducta de quienes lo proseguían; pero este elucubrador por el hecho que ingeniaba las herramientas, las armas o las formas de sobrevivir, no tenía el ego crecido o no tenía ese espíritu de superioridad; era el instinto, del fabricador, y la imitación, de quienes lo rodeaban _el anciano, sentado en su sillón, estaba tieso; sospeché que se había dormido, pero con algo de ronquera me pidió que prosiguiera _. Pero con el transcurrir del tiempo, la creatividad se fue complejizando gracias a la experiencia, ya no era usado sólo como en el principio, sino, ya era ocasión por ejemplo para coger mayor porción de alimento prospectando o creyendo que estará más tiempo en el estómago _guardé silencio por dos a tres minutos, el longevo esta vez nada dijo, aunque movió los dedos con intermitencia _. El Homo sapiens de ayer y de hoy, ya con una creatividad compleja e indescifrable, con una conducta con híbridas o innumerables causas y, vertiginosos e inconmensurables efectos; ya crecido de ego, superioridad, orgullo, incluso vanidad, esto, a causa muchas veces de interdicción o por crisis ocasionadas primeramente de origen natural, o sea, por la naturaleza; empezaron a usar el ingenio y la creatividad ya no para satisfacer las necesidades digamos del pueblo, sino para mantenerse en el poder, pero la mantención del dominio no fue directa, sino indirecta, cabe decir, el pueblo mantenía la firme convicción de que quien los representaba velaba por ellos, aunque el representante, en el fondo, buscaba sus propios beneficios, como suele verse hasta hoy _otra vez quedé callado, el anciano respiró hondo _. Pero la teoría de las “ficciones humanas” no va allí directamente sino a manera de anexo y correlación, o la anterior es usada a manera de anexo y correlación; “ficciones humanas” da a entender que, las innumerables necesidades que el hombre llega a tener hoy en día no son reales, tiene apariencias y características de real, pero son ficciosas, los ingeniosos o los creativos, han creado una o muchas necesidades y las han implantado en nuestra mente, con el fin de que nosotros podamos consumir sus diseños para satisfacer las necesidades que crearon en nosotros y de esa forma podamos lucrarlos _miré la hora en mi teléfono móvil, los minutos se aproximaban a las doce horas _. Lo siento señor Abelardo, debo irme _me puse de pie.

_ No hijo, continúa, continúa _balbució el anciano _. Quiero que fundamentes lo que acabas de decir.

_ Señor Abelardo, habrá otra oportunidad, se lo aseguro. Mi agenda a las doce horas está ocupada.

*…; hubo días, principalmente los sábados y domingos, donde solíamos salir al campo, platicábamos en los espacios libres sentados sobre el césped, o bajo los árboles frondosos; otras veces, íbamos a las cuevas o grutas ubicados al pie de los cerros; se dio el caso de, una noche, decidimos hacer fogata y permanecer dialogando hasta muy avanzada la queda, luego sumidos en el silencio, disfrutábamos del canto de los pájaros nocturnos, del silbido de la paja con las caricias del viento o simplemente el sonido de la noche. Al día siguiente, callados y quizá confundidos, nos dirigíamos a la ciudad, luego cada quien iba a su respectiva morada.

Al año siguiente del 2012, en el mes de abril, Wilfredo Jesús me llamó tras arribar a Abancay proveniente de Ica, al mismo tiempo, Ana Liz llegaba de Cusco juntamente con su abuelo; el encuentro después de tres largos meses fue ameno y de gran gozo. Lo lógico era que, cada uno estaba cargado de novedades. Había pasado tres semanas después de aquel saludo fraterno. A Ana Liz la veía en la universidad, platicábamos de asuntos referentes a las asignaturas, pero las  cuestiones como las reuniones sabatinas o dominicales, poco o nada le importaba, algo le estaba sucediendo, aunque a las preguntas concernientes a ese algo trataba de esquivarlas; y lo más melodramático era que, ya no andaba con el baúl atiborrado de libros; por algún tiempo creí que no era ella, sino, alguien que la estaba representando pero sin las cualidades y personalidad que solía tener Ana Liz. Los encuentros con Wilfredo Jesús para el diálogo acostumbrado no tenía la solemnidad que solía adquirir cuando estaba Ana Liz, Wilfredo lo admitía y yo lo confirmaba; hubo sábados y domingos donde dejé de ir a la casa de mi amigo, porque, me hice la idea de que  ya nada tenía sentido con la ausencia de Ana Liz. La tarde del domingo 8 de setiembre de 2013, decidimos romper el esquema que nos sumía en melancolía y tristeza, y, aproximadamente a las 16 horas, irrumpimos en la habitación de Ana, la puerta estaba abierta, ella leía un libro de bruces sobre la cama, su abuelo estaba de cúbito dorsal sobre su dormitorio, me consterné al percibir al lado derecho de la cama del anciano un balón de oxígeno y unas sondas adheridas a sus fosas nasales, al lado izquierdo del mismo, un colgador de esos frascos de cloruro de sodio o algún otro medicamento que por medio de una vía se filtraba en una de las venas de su antebrazo. Ana recién reaccionó cuando la llamamos, se frotó los ojos para cerciorarse que no estaba alucinando; saltó de la cama y corrió a abrazarnos, cuando ya estuvimos dentro de la habitación, el anciano preguntó:

_ ¿Quiénes son? _su voz aún se mantenía pulcra y los vocablos correctamente articulados.
_ Son mis amigos _respondió Ana Liz.
_ ¿El muchacho de la “ficciones Humanas” y el que tiene facha de oriental?
_ Sí _contestó ella. Nos invitó que nos sentáramos sobre su cama con vista al anciano.

_ Es verdad eso de las “ficciones humanas” _lo obvio era que se estaba dirigiendo a mí _. Vivimos en un mundo de apariencias, donde la psique humana se ha convertido en una esponja que absorbe toda la lógica del sistema y la conducta que emana de ella es lo que hoy impera, pizcas de amor y dominio absoluto del egoísmo, el hombre en su estado primigenio no mostraba el salvajismo que hoy inoculan nuestras pupilas _trató de incorporase como si quisiera vernos, pero Ana al instante saltó para recordarle que no podía hacer esfuerzo _ ¿A dónde le conducirá el capitalismo a la humanidad?, ¿Qué le va suceder al planeta tierra si el capitalismo continúa? El exterminio del hombre por el hombre, la sobrevivencia sólo de quienes cuentan con arcas y arcas de riqueza monetaria, y son ellos ni la décima parte de la población mundial, el resto de los humanos están condenados a desaparecer después de soportar innumerables calamidades como hambre, sed, enfermedades, y sólo cuando quede hueso y pellejo recién podrán juntar los párpados _nuevamente trató de incorporarse, pero otra vez fue sosegado por su nieta _. Bajo la lógica del capitalismo, puedo afirmar que, en aproximadamente dos a tres siglos, un nuevo desierto se estará sumando a los que hay en el mundo, y ése será, la Selva peruana; amigos míos, el lema del capitalismo es la propiedad privada y el crecimiento económico individual _por unos instantes guardó silencio _. No le importa si alguien se está muriendo o pudriendo en la calle, fue tan poderoso su principio que congenió y compatibilizó con el carácter animalesco del hombre, o sea, con el instinto, para el instinto sobrevive el más fuerte y el más hábil, no el más humano ni el más razonable; y es eso lo que hoy en día se da, el poder ha sido consignado en el dinero, por lo tanto, quien tiene más dinero es quien tiene mayor poder…

_ Abuelo _lo interrumpió Ana Liz _. No me cabe duda que, el dinero no salvará al mundo de su pronta calamidad, pero sí el amor; porque el amor se desarrolla en los que menos tienen, los que menos tienen son los que conocen de equidad, de solidaridad, de comunidad, de compartir; incluso los que más tienen, tienen reprimido ese aspecto de la vida.

_ Tampoco yo dudo de ello, querida _balbució el añoso _. El dinero no salvará al mundo de su pronta calamidad, pero sí, el amor.

_ Acotando _irrumpió Wilfredo Jesús _. La realidad que hoy percibimos y lo que sabemos del pasado, es producto y fue, de una conciencia que aún se restriega en sus heces, quiero decir, tiene las característica de un recién nacido que ni siquiera aún sabe hablar; el hombre aún se halla sepultado en sus características animalescas, no quiere resucitar tampoco despertar; la realidad de hoy, para los conscientes, es el sueño estúpido de los inconscientes; o sea, estamos inmersos en una realidad que no es de humanos, pero sí de animales, en el sentido de que al humano le corresponde la conducta nacida de la razón, del juicio, de la mente, de la verdad, de la conciencia, mientras que la conducta que aflora el animal, no es más que instintiva; producto del instinto es la realidad social que hoy en día percibimos. Pero el dormir o mantenerse sumergidos en ese sueño profundo que tiene hipnotizado a la gran mayoría de los hombre, no es por voluntad propia u optadas por ellos mismos, sino, es una voluntad impuesta por el sistema capitalista por medio de la educación _calló, Wilfredo Jesús.

_ El instrumento útil y favorito, o su arma mortífera, del capitalismo, es la educación _dije _. En las escuelas son formadas y reformadas las mentes, es ahí, donde se construye el arquetipo para entender e interpretar el mundo, según la enseñanza que ahí imparten, es como moldeas tu conducta, te proyectas al futuro, prácticamente, de allí depende la forma cómo te desenvuelves en la vida. Y el sistema imperante de hoy, que es el capitalismo, está infiltrado con derecho en el diseño de qué y cómo debemos estudiar, cómo deben ser nuestras normas, leyes y constituciones, cómo debemos pensar y cómo debemos proyectarnos al fututo o cómo debemos visualizarnos dentro de cinco, diez, veinte o cincuenta años, incluso, el cómo debemos y queremos morir. La realidad que nos rodea y del cual somos parte, es el fiel reflejo de la constitución del capitalismo.

_ ¿Qué puede el hombre hacer al respecto? _preguntó Ana Liz, después de un prolongado silencio.

_ Nada _sonrió el anciano después de varios minutos _. El hombre, solo, abrirá los ojos, sin necesidad de ser forzado, por voluntad propia; el sistema mismo, sin desearlo, con la presión ejercida sobre la psique humana, hará que el hombre despierte sobresaltado como si se tratase de una pesadilla; es suficiente que entre en crisis uno de los elementos orientados a satisfacer una de las necesidades básicas del hombre para que se dé la gran revolución. Es una linda paradoja saber que, el sistema no sabe para quién trabaja. Es el caso de ese amedrentador animal llamado catoblepas que, Mario Vargas Llosa hace referencia en su, cartas a un novelista, donde da entender que el catoblepas es una imposible criatura que se devora a sí misma; cabe decir que, el capitalismo está cavando su propia tumba.

_ ¿Es posible que se dé el socialismo y/o el comunismo? _Ana Liz hizo una pregunta abierta.

_ La conciencia del hombre aún es primigenia para entender a esos sistemas, por eso la reacción de llamarlos utópicos, pero cuando la conciencia se manifieste ya más evolucionada, no será utopía, tampoco un ensueño, sino una realidad; nada es estático, todo cambia, absolutamente todo; todo es reemplazado, nada es perenne; lo único constante es el cambio, se puede dudar de todo, menos de la dialéctica; el socialismo y el comunismo, llegarán en su debido momento, sin improvisar ni ser forzados; será cuando la conciencia del hombre haya llegado en cierta forma a su plenitud.

_ Pero _intervine después de que haya callado Wilfredo Jesús _ ¿Los designios del hombre guardan vínculo con los designios de la naturaleza? ¿La sociedad prevé los cataclismos, las inundaciones, los maremotos, las erupciones volcánicas? Supongamos que se tarde unos quinientos años para que se dé el socialismo, mañana podría comerse el mar a medio mundo; o sea, los designios del hombre obedecen al contexto y a las circunstancias, pero no a las causas del contexto y las circunstancias; cómo se refleja el contexto en este momento, calentamiento global, ricos, pobres, guerras, conflictos, etc.; pero cuáles son las causas para que eso se dé, ¿para el primero no son los gases del efecto invernadero?, el hombre echa de menos lo que provoca el contexto y anexándose de ello planea su futuro; es como prospectarse a ciegas, ¿no es cosa de necios?, es como el idiota de los evangelios de Cristo que construye su casa sobre la arena, en cualquier momento viene el agua y derrumba esa cochinada; los planes del hombre, decididamente, no guarda relación con los planes de la naturaleza; ambos, en un sentido metafórico, piensan distinto.

Apenas había terminado de hablar cuando sonó el timbre de la casa, Ana Liz miró el reloj de pared, dijo que ya eran las seis y salió apresurada. Pocos segundos después, irrumpió en la habitación una mujer vestida de blanco, era una enfermera, llevaba un neceser en la mano; nos saludó y saludó con carisma al anciano, intercambiando palabras, empezó a tomarle los signos vitales como la presión arterial, el pulso, la temperatura y la respiración.

_ Estás muy bien _le dijo al anciano acariciándole la frente _. Me alegra eso _abrió un frasco y sacó varias tabletas de medicamento _. Cada 8 horas con agua hervida tibia, por favor _le entregó a Liz _, es para mejorar la circulación sanguínea.

_ Okey, gracias _recibió los fármacos Ana y los guardó en la caja del velador.

Nos disponíamos a continuar platicando después de deleitar un aromatizante café con leche acompañado de unos panes frescos de trigo, cuando, Wilfredo Jesús de un momento a otro, dio muestras de obnubilación y desvanecimiento, logré tomarlo antes que se desplomara en el pavimento, horripilados y preocupados iniciamos a llamarle de su nombre, pero no respondía, palpé su pulso y los latidos estaban intactos; Ana salió y desesperada solicitó apoyo de los inquilinos, dos muchachos al instante se presentaron en el cuarto; con ayuda de ellos logramos sacarlo a la calle donde cogí un taxi y lo llevé al Seguro que estaba prácticamente a una cuadra de allí. Después de media hora aproximadamente, volvió a despertar, estaba con una vía instalada.

_ ¿Qué sucedió? _me preguntó después de mirarme un buen rato _ ¿Y dónde estamos?

_ Te has desmayado _me aproximé _, estamos en el Seguro.

_ Tengo un insoportable dolor de cabeza _dijo, con la mirada puesta en el vacío, y de pronto empezó a sacudirse involuntariamente. En ese momento, un médico y una enfermera ingresaron en la sala.

_ ¡Está convulsionando¡ _corrió el médico, lo ayudé a sujetar para que la enfermera le administrara una dosis de algún tipo de inyectable.

_ ¿Sus familiares? _me preguntó.
_ No es de aquí _respondí _es de Ica.
_ Para en la tarde de mañana tendremos en mano la etiología del acceso.

A las 21 horas decidí trasladarme a mi cuarto, tenía el alma embargada por la melancolía. Al día siguiente, después de salir de clases, fui al Seguro a visitar a Wilfredo Jesús, estaba con los ojos cerrados, pero despierto.

_ ¿Qué dijo el médico? _le pregunté.
_ Aún nada _respondió con viva voz.
_ ¿A qué se debió ese ataque repentino? _le interrogué _. Pienso que no es una novedad.

_ No lo es _contestó _, desde hacía diez años aproximadamente, en un principio, al año dos a tres veces, acostumbraba sentir olores que no existían, un olor relacionado a algo putrefacto o en estado de descomposición, y la sensación de esos malos olores estaba acompañado de un leve desvanecimiento; de lo que era tres veces al año, para el siguiente se duplicaba, hasta que hoy empecé a sentir a la semana una a dos veces y con mayor fuerza, con tembladera y desvanecimiento.

_ Hay muchos factores para que se dé una alucinación olfativa _denoté.
_ Ya veremos qué muestran las pruebas _sonrió de mala gana.
En eso ingresó un médico.
_ Buenas tardes _le saludamos.

_ Buenas tardes señores _se acomodó los lentes _. Soy el doctor Carlos, tenemos los resultados del análisis _guardó silencio por algunos segundos _. Mentirle no le va ayudar en nada, por eso hago el esfuerzo para decirle la verdad. De acuerdo a los análisis de sangre y la radiografía, usted tiene cáncer, y es muy avanzado, y es al cerebro; fue muy negligente de su parte esperar esta fase ya avanzada. Lo siento señor, la esperanza de vida es muy poca, y eso si aplicamos la radioterapia y la quimioterapia.

Wilfredo Jesús, quedó callado y su mirada daba muestras que no estaba ahí, sino, que estaba en algún escenario de la infancia, y a pasos lentos y detallados se aproximada hacia su hoy. Después de varios minutos, sonrió con sinceridad e inocencia.

_ ¿No es sólo un suspiro? _movió la cabeza _. Un parpadeo, la vida en el tiempo. Un abrir y cerrar de ojos. Nada. Sólo nada. Salgamos de este nido de cadáveres.

Se levantó de la cama, ya de pie se quitó la aguja que tenía incrustada en uno de los antebrazos, brotó un poco de sangre; en eso ingresó el mismo médico, le ordenó para que volviera a la cama, Wilfredo se hizo el que no escuchaba, se puso los zapatos; el que portaba un estetoscopio ya no estaba en la sala, pero en seguida volvió con dos hombres de seguridad.

_ Señor _se dirigió a Wilfredo Jesús _, por su seguridad y su salud le rogamos que permanezca aquí, no puede irse.
_ Le agradezco doctor _lo miró Wilfredo, y sin titubear prosiguió _, pero no quiero ningún tipo de tratamiento, si así lo hubiese deseado, me hubiese presentado aquí apenas cuando apareció esta enfermedad en mí. Pero no. Gracias.
_ No sea pesimista _le alentó el médico.
_ ¡Qué ocurrencia! _sonrió Wilfredo _. Entienda que soy yo, no soy usted, sin saber quién soy cómo puede juzgarme. Y es más, no me causa ninguna tristeza lo que acaba de decirme. Una enfermedad o una salud plena, generan el mismo espíritu en mí.
_ De acuerdo _le respondió el médico _acompáñeme _y le condujo a una oficina donde le hizo firmar algunos papeles. Y luego de dichos ajetreos, abandonamos el seguro.
_ ¡Qué posición más sarcástica! _le inquirí _ ¡Eres demasiado frío y cruel!

_ No es frialdad ni crueldad _sonrió él _caminamos por la larga avenida de Díaz Bárcenas hasta llegar al frente de la Corte Superior de Justicia, en seguida decidimos entrar en una anticuchera, ya sentados en la mesa, decidimos llamar a Ana Liz, como en veinte minutos se apareció en el lugar, se veía triste y ojerosa, daba muestras de que había llorado; nos saludó besándonos en la mejilla. La mesa se tornó silenciosa, deseaba hablar pero no sabía de qué, miraba a Wilfredo, luego a Ana Liz, y sólo me fruncían el ceño.

_ No hemos venido a un velorio _sonreí tratando de buscar complicidad. Wilfredo se alienó, pero Ana Liz estaba petrificada. No emitió palabra alguna, se cubrió el rostro con las manos y empezó a llorar; me acerqué para abrazarla, no buscamos justificación alguna a esas lágrimas, sólo la dejamos llorar. Después de largo rato dijo:

_ Sabía que se acercaba sus últimos días, lo intuía y lo soñaba, para la mañana de hoy ya no despertó _no soportó su aflicción y de nuevo rompió en llanto. Las otras mesas nos miraban consternados. Salimos del lugar. Era de noche. Nos separamos, porque no había espacio para las palabras. Lo que buscábamos era soledad, silencio y meditación.

Ya en mi cuarto, a esas horas de las 19, trataba de asimilar lo que estaba ocurriendo; me preocupaba mi pronta soledad y mi asimetría con mi entorno, Valerie Tasso en su novela “Diarios de una Ninfómana” decía que, los que sufren no son los que se van, sino aquellos que se quedan; estuve consciente que, tanto en la universidad como en cualquier otro escenario de la sociedad, quizá más en Abancay que en otros lugares del Perú, la gente no poseía ese hábito de lectura, por lo que, con quien no lee no se sabe qué hablar y más aún, se corre el riesgo de ser incomprendido. Si Ana Liz se iba, y también Wilfredo Jesús, los únicos quienes se quedarían como mis fieles amigos, serían mis libros. Aunque, al fin, todo cuanto había ocurrido posiblemente no eran más que avatares de la casualidad y algunas circunstancias inoportunas. La única diferencia entre la vida y la muerte, resultada en el conocimiento relativo de la una y el desconocimiento relativo de la otra.

Quise conciliar el sueño, pero me resultó imposible, oía las voces de Ana Liz y Wilfredo Jesús, todavía riendo, todavía argumentando alguna teoría, o contradiciendo alguna proposición, o sobrecogiéndose ella, con alguna ilógica; podía sentir en mi piel la calor de las noches de campamento, y también el frio erizante del agua de las cascadas de aquellos bosques tupidos; podía sentir el peso de las mochilas, el polvo del camino, el croar de los anfibios, el canto de los pájaros nocturnos, la fría mañana, el café caliente, y ver las frases escritas con carbón en las rocas, los dibujos de ella en los troncos de los árboles, su sonrisa, su alegría que denotaba esplendor y máximum. De pronto percibí que estaba frente a mí, risueña y con mirada disimulada me estrechó la mano, como quien invita a dar un paseo; me dije que aquello era una ilusión, no me moví del sillón donde estuve sentado, y ella no desaparecía; estiré el brazo para tomarla, tenía la piel fría; no podía creer que era real, pero qué había ocurrido con su abuelo, si algunos minutos atrás dijo que había muerto y ahora se hallaba como desbordante de felicidad; ¿nos había hecho una pesada broma? Me tomó de la mano y salimos de la habitación, quise preguntarla por qué había llorado desconsoladamente algunos minutos atrás, pero me contuve; la calle estaba silenciosa, me llenó de inquietud la idea de que tan temprano la gente se había recogido; tenía muchas preguntas para hacerla, pero alguna respuesta intuida por mí mismo me decía que no era necesario.

_ ¿A dónde vamos? _le pregunté.
_ No hagas preguntas _respondió ella _. Te va a gustar. De hecho que sí.
_ ¿Hace algún instante dijiste que tu abuelo había fallecido? ¿Nos hiciste una broma? ¿O no sientes consternación?

_ ¿Qué cuesta comprender las cosas de la vida? ¿Es difícil admitir que un objeto cae porque existe la ley de la gravedad? Lo raro sería que las cosas se desprendan de la tierra y se vayan hacia el espacio. ¿O, qué cuesta admitir que se nace para morir, o se muere para nacer? Complicarse la vida en detalles inconvertibles de la naturaleza carece de sentido, es poético y literario, es subjetivo y fantasías de alguna porción de nuestro ser. Ni siquiera es filosófico, mucho menos psicológico. De modo que, echa de menos esas elucubraciones tontas y nefastas y andemos _se había detenido y me los decía mirándome a los ojos.

_ Pero a dónde _la sujeté cuando ya empezaba a caminar.
_ Siempre deseé hacerlo sobre las hojas secas de los árboles, o a la ribera del río, o bajo el caudal, o sobre las nubes, en cualquier parte menos en una habitación.
_ ¿De qué diablos hablas? _la sacudí.
_ ¿Acaso eres un retardado? _se asomó y me besó en los labios, desde que la conocí persistí en la idea de que no se atrevería, mientras que yo aguardaba alguna situación oportuna; pero estaba allí ella, tomando la delantera.

_ Como tú digas _asentí. Sin noción alguna, ya estábamos ubicados en la ribera de algún río; me senté sin cuidado sobre el césped húmedo, me eché de dorsal, estaba despejado el espacio de lo alto, las estrellas centelleaban, traté de ubicar las cuatro estrellas que formaban una cruz, estaban situadas por el norte, una luna íntegra estaba justo al centro de aquel minúsculo parte del universo que visualizábamos. Cuando me incorporé, Ana Liz estaba con ropa de baño sumergiéndose en una pequeña cascada; percibí una sonrisa borrosa debido a la escasa luz de la luna y el riachuelo que le tenía envuelto el cuerpo. Me hizo una seña para que me apresurara. A pesar de mi fobia al agua a esas horas, decidí aventarme; se quitó ella las pequeñas prendas que le sobraban en la piel, y pude acechar su desnudez con titubeo; después de un prolongado juego erótico y un clímax consumado, decidí inclinar mi cabeza en su vientre; dentro de un rato mi mano tanteó mi nuca y luego su vientre, palpé en algunas cortas direcciones y no lo ubiqué, me senté pasmado, miré de cerca y no estaba; “¡Pero, qué ser humano carece de ombligo”. Después de larga dubitación, quise despertarla de lo que posiblemente dormía. En algún punto de ese lugar algún insecto emitía un sonido de forma intermitente. De a poco fui abriendo los ojos y era el sonido de mi celular, me había dormido, y el sueño que tuve me tenía erizado el pelo, algo confundido traté de ubicarme, estaba en mi cuarto sentado en mi sillón de guarango, tenía la piel fría; después de varios minutos y algo de lucidez, me imaginé a Ana Liz sin ombligo. Era cerca a las 21 horas, no pude soportar mi soledad, por lo que emprendí una caminata en dirección de la habitación de Ana Liz, puesto que estuve decidido en narrarle mi paradójico sueño. Cuando llegué, en la puerta estaba estacionado un camión pequeño, dos hombres subían las cosas en el carro; sentí un desvanecimiento al percibir aquello, pregunté a los hombres por la chica, dijeron que no sabían nada, pero que podía pasar porque adentro estaban otros, cuando me asomé a la puerta de la habitación, adentro había un ataúd y a ambos lados unos cirios, y cuatro personas vestidas de negro platicaban puestos de pie. Uno de ellos me acechó, me invitó a que pasara, dijo ser el hermano de Ana Liz, y otra joven que era la hermana y los dos adultos sus padres. El cuarto estaba ya casi vacío. Pregunté por Ana Liz y respondieron que no había vuelto de lo que había salido algo más de dos horas atrás. Me preguntaron qué relación había tenido con ella, y les narré todo lo acaecido desde cuando nos conocimos. Ana Liz no llegaba, ayudé llevar el ataúd al carro. Cancelaron algunas deudas que tenían con el dueño de la casa, y sólo faltaba que llegara ella, no deseaba irme, porque quería despedirme. Llamaron insistentemente a su teléfono móvil y no respondía. Cerca a las 23 horas se apareció, por su modo de platicar y andar pudimos catar que estaba algo ebria; se estrechó en los brazos de su madre y lloró desconsoladamente, su hermano le acariciaba el cabello mientras que su hermana le arrullaba la mano, y su padre ya estaba frente al volante; no dejaba de llorar, su madre le dijo que era hora de emprender el viaje a Cusco; Ana Liz me miró, trató de calmarse, corrió y me abrazó con todas sus fuerzas.

_ No quería que esto pasara _me susurró al oído _. Pero siempre supe que algún día llegaría.
_ ¿Y tus estudios? _la pregunté con voz entrecortada, se me llenó la garganta de nudos y no pude impedir que algunas gotas de lágrimas brotaran.
_ Continuaré estudiando Ciencia Política, pero no aquí, mis padres están pensando llevarme a la Argentina. No sé si podré acostumbrarme a tu ausencia y el de Wilfredo _su rostro se iluminó, movió las pupilas de un lugar a otro _. De acuerdo, un momento _se alejó _. Por favor, por favor _se dirigió a su familia _, quiero quedarme algunos días con mi amigo, saben ustedes que nunca más volveré a verlo.

Después de pensarlo varios minutos, asintieron; el camión emprendió, y en un pestañeo estábamos solos apoyados en el poste de alumbrado público. Ana Liz me abrazó, suspiró hondamente y en silencio caminamos hacia mi habitación.

En las noches, solíamos ir al cuarto de Wilfredo Jesús, como de costumbre nos quedábamos platicando hasta altas horas de la noche, o hasta muy entrada la madrugada; algunas veces nos recogíamos al canto del gallo. Ya había pasado más de un mes de la muerte del abuelo de Ana Liz, y ella continuaba en Abancay, aún frecuentaba a la universidad, y todos en la Facultad sabían que se iba en cualquier momento. El clímax y el orgasmo se habían convertido en nuestra droga durante ese corto tiempo. Una noche de esas, con algo de vino y ron fuimos al cuarto de Wilfredo Jesús, un inquilino nos abrió la puerta principal, desde adentro del cuarto nos dijo que pasásemos; estaba en cama, se veía muy consumido por la enfermedad.

_ Qué bueno que hayan venido _sonrió _, porque a primera hora de mañana me voy a Ica, bueno, antes de perder el sentido y quede inválido.

_ ¡Qué ridículo! _sonreí con sarcasmo _ Todo esto es una mala jugada de la vida, quien lo hace si es que acaso hay, debe estar disfrutando de este episodio, como a menudo hago yo con los personajes de mis novelas. Qué cosa más desagradable, de seguro que a nadie agrada este tipo de sucesos. A nadie, mucho menos a mí _. Te vas tú, y también tú _me dirijo a los dos, Ana Liz me abraza _ ¡Qué jodida realidad carajo! ¡Qué jodido es sentirse solo en el mundo, habiendo millones de humanos alrededor!

_ Es que no son como nosotros, aunque podrían serlo, y nosotros no somos como ellos, aunque podríamos serlo; pero hay algo que nos impide, y es esa convicción que tenemos de lo que somos; pero, así estemos inmersos en la soledad, en el silencio, la dubitación, sólo en las páginas de los libros, los disfrutamos, ésa es nuestra naturaleza, disfrutamos del silencio, de la soledad, incluso disfrutamos del dolor, del sufrimiento; aunque no en el sentido de alegrarnos, sino que, simplemente es como el agua para el sediento.

_ Aún, aún puedo musitar _sonrió quien era mi profesor de educación artística en la secundaria, se frotó las mejillas _. Esto es una despedida sin lugar a dudas, una despedida después de la cual no volveremos a cruzar las miradas, no volveremos a platicar; peor aún yo, me extinguiré de este suelo llamado tierra, a una edad temprana, con el único saber que la vida de uno no es más que casualidad, cualquiera de nosotros es fruto de azar; si logramos dar con alguna razón o algún sentido para con nuestra existencia, ello es sólo invención y producto de las sandeces de nuestra mente, es simplemente como hacer moradas para protegernos de la lluvia, el viento y el frio; sin una choza donde guarecer nos extinguimos, del mismo modo, sin una justificación para nuestra existencia simplemente no avanzamos; cualquier sentido que le pueda dar uno a su vida, sólo es una brújula que diseñó para no sentirse perdido en el mundo. Bien tú lo has dicho _se dirigió a mí _; todo esto que vemos, como la política, los territorios, la economía, la geografía, las ciencias, las guerras, los armamentos, todo, son sólo ficciones humanas, en realidad esos no existen, nos hicieron creer que existen, pero no; qué sonsera hizo la mente de pocos, hizo que la mayoría se alineara en una sola dirección, cuando hay cientos de direcciones, o simplemente no hay direcciones; es asqueroso vivir en un mundo donde todos viven engañados, engañados por segundos y terceros, y finalmente terminan engañándose a sí mismos; y al final, todos debemos entrar en ese mismo saco, sólo por querer respirar algo de estupidez, en su contrario abandonaríamos lo antes posible esta miasma. Mi jodido cerebro admitir no puede, que, incluso lo que acabo de decir, obedece a las presiones de esas ficciones; todo cuanto hicimos los tres durante este corto tiempo, también queramos o no, son fruto de dichas ficciones, por más singular que creamos que sea; todos estamos bajo el mismo cielo, bajo la misma ficción.

La noche quedó corta, amaneció con algo de lluvia; como a las 6 de la mañana estábamos en el terminal terrestre, Wilfredo Jesús nos abrazó a los dos y subió al bus que le iba transportar; estaba sentado al lado de la ventana, lo mirábamos, pero él se resistía a mirarnos, en eso se llevó la mano a los ojos, y corrió la cortina. Decidimos abandonar el lugar, el sueño nos tenía apremiados, por lo que, después de algunas pláticas quedamos dormidos. Me sobresaltó unos toques fuertes a la puerta, busqué el teléfono para cerciorarme de la hora, era más de las 15 horas, volvió a tocar con más fuerza; abrí, sentí una descorazonada, era el hermano de Ana Liz, de inmediato preguntó por ella, la hice despertar, se consternó al ver a su hermano frente a sí; estaba ahí para llevársela. Antes que emprendieran el viaje, los tres fuimos en busca de cena, luego de ello irrumpimos en dirección del terminal terrestre; el pasaje comprado era para las 20 horas, por lo que con el consentimiento de Rodrigo, ése era el nombre de su hermano, optamos por dar unas vueltas por las cercanas avenidas. Mientras caminábamos algo se me vino a la mente, a pesar de las muchas intimidades había dejado escapar aquello que en un memento me tenía obsesionado; rodeé su cintura con mis brazos, y busqué en su vientre su ombligo, un tanto más arriba y algo más abajo; sentí algo de pavor.

_ ¿Qué haces? _se detuvo y me miró sobrecogida.
_ ¿Vas a decirme que no fue un sueño? ¿Que fue real? _la tomé de los hombros.
_ No sé de qué me hablas, ¿estás bien? _me miró el rostro de un lado a otro, como quien hace un examen médico.
_ Permíteme _tomé su polera y lo alcé _. Creí que sólo se trataba de un sueño. No tienes ombligo Ana Liz. Todo ser humano lo tiene.
_ Cuántas noches, cuántas cópulas y ¿recién dices darte cuenta? Lo siento amigo mío, es algo que a nadie debo decir.
_ ¡Diablos! _refunfuñé _ Lo debes decir, porque no quiero quedarme con mis tantas suposiciones.
_ Desde luego, lo sabrás, pero no hoy _ya estábamos de vuelta en el terminal.

Llegada la hora, me abrazó con todas sus fuerzas, dejó escapar algunas lágrimas y subió en el bus. En silencio salí por el lado este del terminal, avanzaba por la mitad de la primera cuadra de la avenida Juan Pablo Castro, cuando el bus donde ella viajaba me pasó; continué andando en mutis y melancolía; llegué a la puerta de mi habitación, no quise entrar, caminé en dirección de la Plaza de Armas; estaba repleto de niños que jugaban, parejas que se acariciaban, uno que otro divagaba en algún punto del espacio; opté por una cajetilla de cigarros, y sin darme cuenta ya estuve sentado a la ribera de un río, y de inmediato me transporté a un sueño que tuve, era el mismo lugar; por un momento creí que otra vez estuve soñando, porque aquel lugar era desconocido y ni siquiera sabía por dónde había llegado; me pinché la piel con una piedra filuda y sentí el dolor, me abofeteé y todo daba señal de que aquello era real; aunque, algo muy dentro de mí, muy dentro, decía que algo andaba mal. De pronto palpé un objeto en el bolsillo de mi abrigo, mis dactilares lo inquirieron minuciosamente, se me hizo irreconocible, entonces lo saqué para estudiarlo con los ojos, en seguida, quedé consternado y pavoroso, no podía asimilar aquello que mis ojos percibían.

Fin


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About the author:

Brevemente, puedo decir acerca de mí que, soy escritor de novelas, ensayos y artículos de investigación de carácter social; y, soy estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac.

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